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La innovación educativa en América Latina: La urgencia de dejar el Siglo XIX

La innovación educativa en América Latina: La urgencia de dejar el Siglo XIX

La hora del cambio en educación

Si hay un tema en el que todos coincidimos, es que la educación en América Latina debe cambiar. Sin embargo, a pesar del consenso social, de la publicación constante de datos y de las charlas familiares, la educación simplemente “no cambia”.

Esta parálisis, como señala la experta en educación Inés Aguerrondo, se debe a una poderosa hipótesis: la educación no ha logrado acompañar el cambio “fenomenal entre la sociedad industrial y la sociedad del conocimiento”. Esto significa que, aunque nuestros sistemas escolares operan, el conocimiento que distribuyen hoy es, en gran medida, obsoleto y perimido.

El quiebre científico y el mandato social

Nuestros sistemas educativos fueron construidos a fines del siglo XIX sobre los cimientos de la ciencia experimental y la física de Newton, un modelo que concebía al mundo como un “mecanismo muy aceitado con leyes universales y permanentes”.

Sin embargo, el siglo XX trajo consigo la “revolución silenciosa del saber”: desde la relatividad y la teoría cuántica hasta la teoría de los sistemas complejos no lineales, que nos enseñaron que el universo está en “permanente expansión y movimiento,” y que las leyes no son necesariamente universales. Si la humanidad se hubiera quedado con la física de Newton, no existirían hoy el GPS, el internet o la medicina nuclear.

El problema es que la escuela del siglo XIX, si bien fue “exitosísima” en su momento al enseñar a leer, escribir y el cálculo elemental, hoy está completamente “hackeada”. El nuevo mandato social exige:

  1. Que todos aprendan.
  2. Las competencias del siglo XXI, mucho más allá de la lectura y el cálculo elemental.
  3. Aprendizaje a lo largo de toda la vida.
  4. Aprendizaje en múltiples entornos y no solo en la escuela.

La estrategia irremplazable para América Latina

Todos los países del mundo están innovando, pero América Latina debe ser cautelosa. Como bien puntualiza Aguerrondo, debemos evitar el error cometido a fines del siglo XIX de hacer un copy-paste de los modelos de los países avanzados. Las soluciones deben ser inspiradoras, pero tienen que partir de nuestras características propias.

Dos factores clave definen nuestro enfoque:

  1. Costo-Eficiencia: No contamos con la “base presupuestaria” de los países avanzados. Por lo tanto, necesitamos propuestas de educación de buena calidad que sean más costo-eficientes y alcanzables con nuestros presupuestos existentes.
  2. Flexibilidad y equidad: Dada nuestra base cultural heterogénea, requerimos soluciones flexibles que puedan adaptarse a las distintas poblaciones. Estas propuestas deben incluir “mecanismos para cerrar la brecha,” pues “todos nuestros habitantes tienen el derecho a una educación de calidad, hayan nacido donde hayan nacido”.

Es fundamental no bajar la vara de la calidad. Necesitamos enfocarnos en:

  • Aprendizajes profundos y significativos.
  • Competencias que permitan hacer y resolver problemas, en lugar de memorizar teorías.
  • Utilizar la ciencia del siglo XXI para la resolución de problemas.
  • Desarrollar “cabezas con procedimientos mentales inteligentes” capaces de aprender a aprender y de pensar fuera de la caja para la creatividad.

El ejemplo de las Redes de Tutoría

La buena noticia es que la innovación costo-eficiente ya está sucediendo en la región. Un ejemplo claro son las redes de tutoría mexicanas, implementadas en la telesecundaria rural. Este modelo, basado en que los alumnos se enseñan entre ellos bajo un protocolo exigente, ha demostrado su eficacia. En la última prueba de enlace (que mide lengua y matemática), los estudiantes de estas escuelas rurales obtuvieron mejores resultados que los chicos urbanos. Esta solución es más barata, cierra la brecha, y ya opera en 30,000 escuelas rurales en México.

Romper el modelo mental

¿Por qué no se generalizan estas soluciones exitosas? Aguerrondo afirma que tenemos un “modelo mental” que nos impide ver más allá de “los bancos, pizarrón y maestro”. Se tiende a etiquetar estas “soluciones heterodoxas” como “educación de segunda”. Debemos cambiar esta perspectiva, pues estas innovaciones no son soluciones solo para la población pobre, sino “el espacio de creatividad que tenemos para poder inventar otra educación”.

La sociedad civil tiene un papel crucial: necesitamos una “demanda más calificada”. No basta con decir que la educación es importante; debemos pedir cosas concretas y ayudar a los tomadores de decisiones a enfrentar la “turbulencia” que genera el cambio. Hoy, la riqueza de las naciones se mide por el conocimiento que toda su población tiene en la cabeza. Si no se toman estas decisiones complejas y urgentes, América Latina “no será sustentable como región,” y nuestra juventud “no tiene futuro”.

Fuente: Aguerrondo, I. (2017). ¿Por qué innovar en educación? TEDxRiodelaPlata.

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